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FILOMENA TROCONIZ nació el 23 de enero de 1.902 en el número 11 del Ojillo. Su padre Fernando Trocóniz, jornalero según la partida de bautismo y luego empleado de Altos Hornos, murió siendo ella una niña. Cuidada por su madre, Gabina Santacoloma, natural de San Salvador del Valle, realizó los estudios de magisterio, siendo su primer destino las escuelas de Ciérbana, y pasando después a Urioste donde hizo grandes amigos cuya amistad conservaría toda la vida. Finalmente impartió clases en el Sanatorio de Gorliz para desde allí volver a su villa natal. Aquí en El Ojillo, siguió dando clases particulares, preparando para magisterio a cuantos alumnos lo deseaban. Mujer de fuerte carácter y gran personalidad era muy aficionada al teatro y a la música, dedicando parte de su tiempo a tocar el piano. Gran amante de su hogar, apenas salía de casa, llevó una vida de gran austeridad rayando con la miseria. “DOÑA FILO”, soltera y como únicos parientes unos primos, se dedicó toda su vida con verdadera pasión a invertir sus ahorros en imposiciones y acciones que tras las subidas de tantos años se multiplicaron grandemente. Aquejada de una grave enfermedad que obligó a su hospitalización, recurrió a antiguas alumnas suyas que le profesaban gran cariño y la atendieron con sus cuidados sin recurrir a su enorme fortuna que aunque se la suponía, era desconocida para todos. Días antes de morir, sabiéndose muy enferma, llamó al entonces alcalde Doroteo Pinedo, con quien le unía gran amistad por haber sido alumno suyo en las escuelas de Urioste y depositando toda su confianza en él, le comunicó su enfermedad, situación económica y deseo de destinar su patrimonio para ayudar a la formación de los jóvenes. Decidió en consecuencia, destinar su fortuna a la creación de una fundación que se llamaría Fundación Troconiz Santacoloma, cuyos fines fueran la prestaci6n de ayuda a la formación y educación de jóvenes de ambos sexos nacidos o vecinos de Portugalete, lo que expresó en su testamento otorgado poco después, antes de su muerte. Murió en 1.986 a los 84 años de edad, y tras el funeral en la Basílica, su cadáver fue trasladado a La Arboleda en cuyo cementerio poseía un pante6n familiar. Alberto G. Echarte, amigo suyo, recuerda que dicho panteón que estuvo anteriormente en Trapagaran tenía una escultura de la Sagrada Familia, obra de Lucarini. En cumplimiento de su voluntad se constituyó la fundación, como entidad de carácter privado, siendo la primera que con estas características se registró en el Gobierno Vasco. Está presidida por el alcalde de la Villa, el párroco de la Basílica de Santa María y un representante legal de las propiedades de la fallecida. Estas propiedades constituidas por valores e inmuebles, tras un trabajo arduo de cuantificación y recopilación se cifraron en unos 140 millones de pesetas, con cuyos beneficios se constituirán becas anuales de estudios y otras iniciativas culturales y educativas. El Ayuntamiento en reconocimiento a su generosa acción acordó dar su nombre a una plaza de la Villa y encargó la realización de un cuadro suyo que se instaló en las dependencias municipales. |
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